Las mochilas

“Lo bueno, si breve, dos veces bueno”, escuché decir tantas veces a mi padre que lo asumí como norma de vida bajo la cual trato de conducirme. Debo confesar que no siempre con mucho éxito. Por ejemplo, no me pongan frente a fuentes bien cocinadas de gallo en chicha o de pasta “aglio, olio e peperoncino”, que no quedará ni “la cortesía”. Allí sí no puedo ser breve ni andar con “poquitudes”. Gugulee la frase, hallará notas interesantes.

Viene a cuento por la estupenda nota que publicó El Diario de Hoy donde se mostraba el contenido de las mochilas de compatriotas “embarcados” en una de las caravanas que salieron buscando el norte geográfico. Buena, breve e impactante la nota. ¿Quién osa emprender tal travesía con solo 15 dólares? ¿Quién, en su sano juicio, considera factible caminar miles de kilómetros sin entrenamiento previo? ¿Quién piensa poder llegar empujando el cochecito de su bebé? ¿Qué madre se sentirá a gusto exponiendo a sus pequeños hijos a tal travesía? Llegados a su meta por el amparo divino, ¿Qué oportunidades tendrán de ingresar al extenso territorio que consideran tierra de promisión? Todas esas preguntas por la nota del lunes. No conozco las categorías que usan los organismos que premian el trabajo periodístico, pero “las mochilas de los migrantes” ciertamente es merecedor de uno. Yo se lo otorgaría sin asomo de duda.

A mediados del siglo pasado, allá por la década de los cincuentas, se enfrentaban en apasionada justa en el campo de la psicología el elitista psicoanálisis europeo (con las escisiones que tenía ya para esa época) contra el poderoso conductismo estadounidense, tan pragmático que se denominaba a sí mismo “ingeniería conductual”. Muchas lanzas habían roto ya para entonces, muchas más seguirían rompiendo después, inútil y vanamente pues no habría punto en el que pudieran compararse ambos movimientos. Surgió entonces la “Teoría Humanista” liderada por dos de mis psicólogos favoritos: Carl Rogers, quien nos enseñó la “aceptación incondicional” como base fundamental para “el proceso de convertirse en persona” y fundó la “Terapia centrada en el cliente” con su reclamo para respetar irrestrictamente el tempo del cliente; y Abraham Maslow, neoyorquino descendiente de emigrantes judíos, educado muy severamente por sus padres, quien desarrolló un especial interés por comprender la motivación de las conductas humanas, sobre todo las de aquellas personas que lograban “autorrealizarse” (término acuñado por él).

Maslow propuso que los humanos actuamos tratando de satisfacer cinco tipos de necesidades jerárquicamente organizadas (“la pirámide de Maslow”): 1. Necesidades fisiológicas (alimentación, sed, descanso, sexualidad). Al haberlas satisfecho, pasamos a atender las 2. Necesidades de seguridad (personal, al orden, a la estabilidad, a la protección). Seguimos con las 3. Necesidades de afiliación, que buscan superar los sentimientos de soledad y hacer sentir a la persona con vinculaciones afectivas (por ello nos enamoramos, casamos, queremos pertenecer a una familia, a un grupo). Cuando estas están satisfechas atendemos las 4. Necesidades de reconocimiento, para fortalecer nuestra autoestima (término introducido por ellos) las personas buscan sentirse seguras de sí mismas y valiosas para la sociedad. Por último aparecen las 5. Necesidades de autorrealización que apuntan al crecimiento continuo, al desarrollo moral y espiritual, a la búsqueda de una misión en la vida y demás aspiraciones humanas de trascendencia.

¿Entendemos mejor ahora qué pasó por esas cabezas? ¿Cómo vamos a mejorar en educación si estamos bregando por satisfacer las necesidades más elementales? ¿Se ve más clara la razón por la que la delincuencia organizada debe ser erradicada? ¿No le gustaría que los candidatos leyeran algunos de los libros de Rogers o Maslow para orientarse? ¿O si no pueden leerlos (por cuestiones de tiempo, no piensen mal) que alguien se los explicara? ¡Apúrense y corramos!, que nos va quedando poco tiempo. Discutamos menos, trabajemos más, con energías mejor enfocadas. (“La energía va donde la enfocas”. Saludos estimado Andrés Bravo y queridos compañeros coachs).

Psicólogo